El Jamón mas caro del mundo.

El jamón ibérico más caro del mundo es el de los cerdos manchados de Jabugo de Dehesa Maladúa

Los cerdos manchados de Jabugo de Dehesa Maladúa viven mejor que muchos humanos. Beben de manantial, no saben qué es el estrés y caminan al día 14 kilómetros. Su jamón es el más caro del mundo: 4.100 euros la pata.

Si el dicho jura que del cerdo «hasta los andares», cada paso de esta raza se cotiza tan caro como las caminatas de una supermodelo de pasarela. A 4.100 euros la pata de este raro manchado de Jabugo, extremidad que debidamente rebanada da un montante de algo menos de tres kilos y medio netos de jamón, del que se extraen unas 200 lonchas de 5 gramos y 2 milímetros de espesor, resultando a unos seis euros y medio cada una. Una cochinada. Pero exquisita. Todo este precio superlativo del manchado de Jabugo se razona por su existencia al borde de la extinción, amén de su alimentación ecológica y el nivel de placidez del que disfruta antes de pasar por el matadero. Sólo les falta hacer tai chi. «Viven al aire libre, con cinco hectáreas para cada animal. Gozan del máximo bienestar, son cerdos felices. No conocen el estrés, beben de manantial, se desparasitan con baños de arcilla, son atletas a tiempo completo, ven amaneceres y atardeceres… Y comen cosas puras, caminando de 12 a 14 km diarios en terrenos quebrados en una Reserva de la Biosfera. Siento decirlo, pero viven mejor que muchos humanos«.

Eduardo Donato (Tarragona, 14 de enero de 1948) es el amo y señor de Dehesa Maladúa, sierra onubense tupida de grama y de lluvias, a unos ocho kilómetros de Cortegana. Allí mima, en 700 hectáreas del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, sus manchados de Jabugo, o sea, los jamones más caros del mundo. «De récord Guinness», recuerda mientras abre la cancela que da paso a su propiedad y el chaparrón arrecia. Donato ni se inmuta pese a la borrasca. Produce unos 200 jamones al año. Tiene 10 hembras y un macho, para un total de 150 animales que le siguen a su voz de arreo -y al sonido de maracas al menear un saco de bellotas- como si vinieran de Hamelin.

Según datos de Aeceriber (Asociación Española de Criadores de Cerdo Ibérico) y del Magrama (Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente) a 31 de diciembre de 2016 sólo quedaban 39 hembras y siete machos reproductores de manchado de Jabugo, siendo nueve las ganaderías activas en el Libro Genealógico. Hoy ha repuntado la estadística. En Andalucía cuentan ya con 46 cerdas de vientre y 15 verracos reproductores repartidos en ocho explotaciones, todas en Huelva. Resultaría más fácil toparse con un lince.

Esta historia tiene algo de fabulosa, como surgida de la prosopopeya con moraleja de Esopo o Lafontaine. El manchado de Jabugo nació a principios del siglo XIX del encuentro fortuito de un macho blanco inglés y una hembra de Huelva. Del romance de aquellos cochinos deviene este relato de supervivencias y delicatessen. «Hace 100 años que comenzaron los ganaderos ingleses la labor de mejora de su ganado, partiendo de los animales del país; seleccionando los mejores ejemplares y mediante cruzamientos de los mismos, fueron fijando los caracteres interesantes, hasta lograr la primera raza selecta porcina del mundo, que por haberlo sido en el condado de York, se llamó raza york o yorkshire, cuyo más genuino representante es hoy el cerdo large white», escribía el agente del Ministerio de Agricultura, José Ramón Yarza, en una hoja divulgativa en el año 1969. «No se sabe con claridad el origen, no tenemos la certeza ni con las analíticas genéticas, si bien se cree que el manchado procede de un macho large white. También se han hallado restos de raza asiática y de duroc Jersey en él», explica Manuel Cumbreras, técnico del Servicio de Investigación Agrícola y Ganadera de la Diputación Provincial de Huelva.

Autor: Javier Caballero

fuente: http://www.expansion.com/fueradeserie/gastro/2017/05/29/5926bc85ca4741dd748b4696.html?cid=SIN8901

Receta de ensalada de trigo sarraceno, caballa marinada, fresas y espárragos trigueros.

Ahora que llegan los calores y cuando empiezan a apetecer más que nunca las ensaladitas, Pitos y flautas os propone una receta muy apetecible y fácil de preparar, con la que seguro que sorprenderéis a cualquiera en una cena o comida con la familia o los amigos.

Empecemos por lo primero: los ingredientes.

Para cuatro personas, necesitarás lo siguiente:

  • -Dos caballas
  • -Trigo sarraceno: 200 gramos (se puede comprar en un herbolario)
  • -Doce fresas
  • -Seis espárragos trigueros
  • -Sal: 200 gramos
  • -Azúcar: 200 gramos
  • -Aceite
  • -Vinagre
  • -Salsa de soja
  • -Miel
  • -Pimienta

Una vez que dispongas de todo ello, nos ponemos manos a la obra. Lo primero, cogemos las caballas, las limpiamos, les quitamos las espinas y las marinamos a partes iguales de sal y azúcar. Para las dos caballas, tenemos que utilizar 200 gramos de sal y otros 200 de azúcar. Se deja el pescado cuatro horas marinando y después se limpia.

Con el trigo sarraceno, tenemos dos opciones según nos apetezca (las dos están muy ricas): bien podemos cocer los 200 gramos durante 15-20 minutos hasta que esté tierno y después lo escurrimos y lo dejamos atemperar o bien podemos freírlo. Y si nos aventuramos, podemos, incluso, mezclar ambas opciones, es decir cocer 100 gramos y freír los restantes.

Las fresas y los espárragos trigueros se limpian, se cortan al gusto (para los espárragos, es conveniente cortarlos muy finitos con una mandolina) y se sirven al natural. Cuando tenemos ya todo listo y presentado sobre el plato o la bandeja, elaboramos una vinagreta (tres partes de aceite, una de vinagre, un chorro de soja y una cucharadita de miel), y la echamos. Por último, salpimentamos la ensalada al gusto y la decoramos, por ejemplo, con algún tipo de germinado (soja, alfalfa, lentejas,…).

Y voilà, aquí tenéis un plato muy rico y con unos contrastes de sabores muy curiosos, que hace unos días pudieron disfrutar nuestros clientes del restaurante (ahora no está en carta. Recordad que cambiamos semanalmente la mayor parte de ella). A disfrutarla.

¿Las embarazadas pueden comer marisco?

Este domingo 7 de mayo se celebra el Día de la Madre, un día dedicado a mostrar todo nuestro agradecimiento y cariño a las mujeres que siempre lo han dado todo por nosotros. Este también es un día muy significativo para todas aquellas que van a convertirse pronto en madres. Por eso, desde La Casa Gallega queremos invitaros a disfrutar con nosotros de un menú especial con los mejores platos de nuestra carta y resolver en este blog una de las grandes dudas de muchas de las mamás gestantes: ¿Las embarazadas pueden comer marisco?

Obviamente, cuidar la alimentación durante esta etapa es fundamental tanto para la madre como para el desarrollo del bebé, por eso es importante prestar atención a la hora de elegir los alimentos. En el caso del marisco no se trata de prohibir sino más de prevenir. Es cierto que poseen numerosas y variadas proteínas beneficiosas para nuestro organismo, sin embargo hay que tener muy en cuenta la preparación del producto, ya que lo más recomendable es que las embarazadas no coman nada crudo, como es el caso de mariscos como las ostras y pescados como el sushi, que hay que evitar por completo durante este periodo. Lógicamente, con un consumo moderado y cocinado adecuadamente podría sacarse partido a sus beneficios.

El riesgo de su consumo durante el embarazo tiene algunos nombres muy específicos. Infecciones que la futura madre tiene el riesgo de contraer, poniendo en peligro la salud del bebé, como la salmonelosis, un grupo de trastornos causados ​​por un tipo particular de bacterias, la salmonella. También está el riesgo de contraer anisakis o la denominada toxoplasmosis, una enfermedad infecciosa y generalmente inofensiva, pero que si se contrae durante el embarazo puede llegar a ser peligrosa para el bebé.

En algunos casos, determinados productos como el calamar, la sepia o el pulpo a la gallega, si se cocinan a altas temperaturas, se pueden consumir con moderación y además de cocidos también se pueden preparar a la plancha.

De todas formas, es fundamental que para asegurarse de una correcta alimentación en el embarazo se consulte con el médico, sobre todo para despejar todas las posibles dudas sobre ciertos alimentos, como puede ser precisamente el caso del marisco.